Novios y pololos, trifulcas y bululúes, guaguas que pueden ser bebés o autobuses: de los Estados Unidos al Cono Sur, la variedad geográfica y cultural se trasladó a las palabras. Un Diccionario de Americanismos las reúne por primera vez.

Aunque comparten la mayor parte de las palabras, los hablantes del castellano han tenido margen para cambiar los sentidos locales de muchas de ellas. Hay pololos y hay novios, según el país de que se trate, pero son la misma cosa, como también equivalen una trifulca y un bululú. La palabra guagua nombra tanto a un bebé como a un autobús, y tinto es un café y una clase de vino. Una carpeta sirve para guardar hojas o bien es una "alfombra con que se cubre el piso de una habitación", según estemos en el sur o en el norte de América.
El trato de usted puede implicar una respetuosa distancia o una amorosa complicidad; la negación, una respuesta sincera o una falta de respeto. Todo depende de en qué lugar de América se encuentre quien hable español.
Como esa geografía abarca casi veinte países, hacía falta un GPS de la lengua. Luego de 14 años de un trabajo impulsado por Humberto López Morales, la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) compendió la desmesurada diversidad que, sin daño a la unidad, tiene hoy el castellano.
Se trata de un fenómeno destacable: al mismo tiempo que las aventuras de Don Quijote de la Mancha se comprenden como cuando las escribió Miguel de Cervantes, existen palabras cuyo uso coloquial varía -y cuánto: de lo formal a lo obsceno, de la comprensión al equívoco- según el contexto geográfico en que se las use. Son los americanismos, y son muchos: ocupan 2.400 páginas.
López Morales, secretario general de la ASALE y tan cubano de nacimiento como puertorriqueño por adopción, se empeñó en la aventura por pena, como se llama en el Caribe y en México al sentimiento que en Uruguay, Chile o Argentina se conoce como vergüenza. Explicó al diario colombiano El Espectador: "Revisamos lo que había en el mercado de diccionarios de uso del español y lo más reciente tenía 40 años. Para mí era una vergüenza: ¿cómo era posible que el español hablado en América, que es tan riquísimo, no estuviera recogido y registrado en ningún documento?".
Se pensó en hacerlo a fines del siglo XIX, cuando se constituyeron las ocho primeras academias americanas de la lengua: Colombia, Ecuador, México, El Salvador, Venezuela, Chile, Perú y Guatemala. Pero las limitaciones de la comunicación "dejaron el ambicioso proyecto en el limbo de las buenas intenciones", escribió Víctor García de la Concha, presidente de la Asociación de Academias de la Lengua Española, en la Presentación del Diccionario de Americanismos.
El plan "no resultó, sin embargo, vano", agregó. Los académicos tomaron notas de todos modos. Luego los imitaron sus pares de la segunda tanda de academias, nacida a comienzos del siglo XX: Costa Rica, Panamá, Cuba, Paraguay, Santo Domingo, Bolivia, Nicaragua y Argentina. "La edición del Diccionario de la Real Academia Española de 1925 pudo incrementar de tal modo la presencia de americanismos que llegó a merecer el título de 'americana'", destacó.
Este Diccionario de Americanismos, cuya aparición coincide con la conmemoración del bicentenario de la emancipación de las repúblicas iberoamericanas, representa el 20% del español actual, consta de más de 70.000 palabras que se incluyen con sus definiciones y más de 120.000 acepciones. Además, naturalmente, de sus marcas geográficas.
Relajo, julepe, vacilón, guasa, burundanga son otras palabras que incluye la nueva obra. También se encuentra el "bro", apócope de "brother", hermano en inglés, usado en Estados Unidos y Puerto Rico para saludar de forma cariñosa. O las distintas formas de llamar al vientre: guata, barriga o panza en Chile; el piola rioplatense que denomina a una persona lista y el camión, que en México tiene la acepción de autobús.
Los 300 millones de hispanohablantes de América comparten un 80% de vocabulario. Para lo demás el Diccionario de Americanismos será una de las herramientas útiles. "Ese 20% restante de palabras dialectales revela una riqueza extraordinaria de la lengua", dijo el impulsor de la iniciativa.
"La idea de este diccionario fue que incluyera americanismos y no palabras del español general", afirmó. "Se ocupa desde Estados Unidos, el segundo país hispanohablante del mundo por el número de sus hablantes, hasta Chile y la Argentina en el sur del continente". "Las palabras no son ni buenas ni malas", afirmó también López Morales, sino el uso que le dan los hablantes, y por su mera existencia "tienen derecho a aparecer en el diccionario".