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20-12-10

Un mundo torturador

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Durante 2010, la tortura fue practicada en al menos uno de cada dos países. Es la banalización de un crimen condenado y prohibido por los mismos que lo practican

Crédito foto: AP

Suplicio de la crucifixión en Eritrea, descargas eléctricas en Guinea Ecuatorial, lavaje forzado con agua y pimienta en Uzbekistán, asfixia con bolsas en Rusia, simulacro de fusilamiento en Bangladesh... En un informe de 400 páginas, titulado "El mundo torturador" (ver adjunto en PDF el texto completo en idioma original), la organización francesa ACAT (Acción de los Cristianos contra la Tortura) presenta el cuadro acusatorio de un planeta que se sigue librando a estos métodos brutales. "Más de la mitad de los Estados miembro de la ONU recurren a la tortura", concluye el documento que también indaga sobre los factores que alientan el fenómeno.

 

La tortura debería estar en disminución en el mundo, si se consideran los avances -por lo menos declarativos- en el reconocimiento de derechos y garantías individuales. Sin embargo sucede todo lo contario. Se extiende y se recurre a ella con casi total impunidad.

 

La convención de las Naciones Unidas que proscribe su uso ha sido firmada por 147 países. La mitad de ellos la viola. El 11 de septiembre del 2001 y la declaración de guerra al terrorismo implicó incluso una serie de excepciones legales y, por lo tanto, la relativización de lo que debiera ser un absoluto.

 

La ACAT lanza un grito de alarma sobre este fenómeno que se ha vuelto "endémico y regular" en los cinco continentes y que tiene como víctimas a opositores políticos, militares sociales y periodistas. Pero, en estos casos, suele haber al menos una denuncia mediática. Existen otros, anónimos: son los sospechosos y detenidos por delitos de índole común. También sobre ellos cae esta forma de violencia de Estado.

 

Pese a las especificidades geográficas, generalmente los objetivos se asemejan: la tortura es a la vez un método de interrogatorio, un instrumento de venganza y represión y un arma de guerra. Las técnicas también se asemejan: uso de electricidad, violación (especialmente contra las mujeres), ahogamiento, suspensión por las extremidades, etc. Sin olvidar la tortura psicológica que representa, por ejemplo, el aislamiento.

 

En este informe, pocos países quedan a salvo. Inclusive las democracias occidentales más avanzadas recurren a técnicas como la de la incomunicación sin mencionar la complicidad con arrestos de sospechosos y su traslado a países donde los esperaba el interrogatorio bajo tortura.

 

"Un gran número de Estados han firmado tratados que prohíben el uso de la tortura pero en realidad la practican abusivamente", dijo François Walter, presidente de ACAT. El objetivo es "obtener confesiones de una persona que habría cometido actos contrarios a la ley o recoger informaciones sobre un tercero", agrega. "Pero también puede ser utilizada a título gratuito contra detenidos por delitos comunes".

 

Se tortura en Asia, dice el informe, por ejemplo en China. También en África donde "los regímenes dictatoriales o con tendencia autoritaria, como Mauritania, Sudán, Zimbabwe, Etiopía, Eritrea, Guinea Ecuatorial y República Democrática del Congo han erigido la tortura en método de investigación y de represión al servicio del aparato de seguridad", precisa la ACAT.

 

La tortura está igualmente difundida entre las fuerzas del orden en América Latina, como "herencia de los decenios de dictaduras militares".

 

El presidente de ACAT tiene la esperanza de poder "sensibilizar a la opinión pública" con este informe ya que considera que la ciudadanía no está lo suficientemente informada acerca de la existencia de estas prácticas.