Los presos llevan tres semanas sin agua ni alimentos. Los familiares compraron comida, pero las autoridades impidieron repartirla. La desinformación es tal que, incluso, se desconoce la cantidad de muertos

Los reclusos de la cárcel El Rodeo II de Venezuela se atrincheron en el sector denominado La Torre, el último 17 de junio. Desde esa fecha, el gobierno de Hugo Chávez ha intentado –sin éxito– recuperar el control del penal.
Desde entonces, sólo se confirmó la muerte de siete reclusos, y se sabe que hay un número importante de heridos como consecuencia de los enfrentamientos armados con efectivos de la Guardia Nacional.
Según testimonios de algunos familiares de los presos, los pastores evangélicos que ofician de mediadores habían informado que el martes 5 de julio podrían permitir el ingreso de agua y pan para los internos. Sin embargo, la Guardia Nacional negó esta posibilidad, lo que provocó que los familiares cortaran la calle de acceso al penal por unos minutos.
Mientras El Rodeo II continúa copado por los presos, otro penal, el Rodeo I, está militarizado (algunos sectores del penal permanecen bajo control de los reclusos). Esta intervención permitió decomisar decenas de armas que tienen los números de serie limados. Estas pistas son las que llevaron a la detención de varios policías, entre ellos, los directores de las cárceles amotinadas.
La crisis carcelaria en Venezuela es inocultable. Según el Observatorio venezolano de Prisiones, en el primer trimestre de este año (y sin contar estos dos motines), 124 personas murieron en las prisiones venezolanas, un 22% más que las 102 del mismo período del año pasado. En 2010, 476 internos murieron, y 958 resultaron heridos en las cárceles venezolanas, que tienen una población reclusa oficial de 44.520 presos y una capacidad para poco más de 14.500 en sus 34 centros. En estos dos episodios, de lo más grave en la historia carcelaria de Venezuela, aún no se conoce la cifra exacta de muertos.