Maggy Barankitse es una nueva Mandela. En la guerra civil que asoló a Burundi en los años 90, presenció la masacre de su familia. Sin odio ni rencor, dio refugio a 20 mil huérfanos hutus y tutsis. Vea el video

"Ellos me ataron y asesinaron delante de mí a 72 personas. Desde entonces, hablo sólo del perdón", cuenta esta mujer, nacida en 1957, madre "adoptiva" de unos 20 mil niños huérfanos a causa del enfrentamiento de dos etnias -tutsis y hutus-, que se han criado en los hogares que ella fundó.
"Mi vocación es repartir esperanza y dar amor. Es la vocación de todo ser humano", dijo la mujer a Solidaridad TV.
Maggy empezó con su proyecto en 1993, cuando todavía su país estaba sumido en las tensiones de la guerra civil. Sobrevivió y fundó la Casa Shalom para los huérfanos de guerra, los niños soldados, mutilados y enfermos de sida. Hoy ya hay 130 abiertas en todo Burundi.
Para Maggy, tan importante como dar, es perdonar. Ella misma lo hizo con el hombre que quemó vivas a sus tres tías, a quien visitó en la cárcel. El perdón es para esta mujer excepcional una liberación. El odio, en cambio, mata.
"No es fácil perdonar, admite. Perdonar es un don, pero yo soy cristiana. Sé que Jesús en la Cruz, dijo «Por favor, perdónalos porque no saben lo que hacen»".
Recientemente, una de las niñas huérfanas a la que dio refugio se casó. A la boda asistió el hombre que había asesinado a los padres de la pequeña. "Ella se levantó, cuenta Maggy, se le acercó y le dijo: «Puedo perdonarte para siempre gracias a mi madre. Ella nos enseñó a levantarnos y a luchar con dignidad, sin violencia»".
Barankitse ha recibido mucho reconocimiento internacional por su trabajo. Ha sido candidateada para el Nobel de la Paz, y en Roma le otorgaron el premio Colombe d'Oro. En agosto de este año estará en Madrid para disertar en un Curso sobre Esclavitud Infantil en Casa Emaús, invitada por el Movimiento Cultural Cristiano.
Odio interracial
Luego del asesinato de Melchior N'Dadaye, primer presidente elegido democráticamente en la pequeña república de Burundi, en el centro de Africa, las dos etnias presentes en el país empezaron a masacrarse entre sí. Maggy tenía 36 años cuando estalló esa guerra civil que dejó 300 mil muertos. Vivía en el sudeste del país. En aquel momento, ya había adoptado siete niños hutus y tutsis. Cuando llegaron los rebeldes, se refugió con ellos en el obispado y los escondió en un placard. Pero los encontraron. A ella la ataron desnuda a un poste obligándola a presenciar el asesinato de 72 tutsis, entre ellos, miembros de su propia familia. Ella se salvó en el límite, por ser hutu.
Una vez que los asesinos se marcharon, Maggy se fue con 25 niños sobrevivientes y se refugió en casa de un alemán a unos kilómetros del pueblo. Poco a poco, fueron llegando hasta allí más y más huérfanos de guerra. Fue entonces cuando creó una fundación que en el transcurso de estos años ya ha salvado, criado y educado a más de 20 mil pequeños.
Toda su tarea tiene por objetivo evitar que el odio interracial destruya su país. El perdón como herramienta de reconciliación. Algunos de los niños que Maggy salvó trabajan hoy para lo mismo, construyendo más hogares como el que ella les dio.
En 2010, hubo elecciones democráticas en Burundi y Pierre Nkurunziza es su nuevo presidente. Impulsa una Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación.