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02-11-11 | Política

"América Latina es víctima del presidencialismo"

Por Federico Ibañez | fibanez@infobae.com
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Distanciado de la Concertación y opositor a Sebastián Piñera, el ex candidato presidencial de Chile, Marco Enriquez Ominami, afirmó en diálogo con Infobae América que se debe limitar el poder de la figura del presidente


 

 

Tras romper con la Concertación en 2009 ante la negativa de realizar elecciones primarias, Enriquez Ominami fue la sorpresa de los comicios de 2009:  obtuvo más del 20% de los votos de la primera vuelta. La cifra no le alcanzó para entrar al ballottage, en el que Sebastián Piñera derrotó al democristiano Eduardo Frei Ruiz-Tagle, pero sí lo dejó bien posicionado ante el electorado. Ahora busca que el Partido Progresista que lidera ocupe el vacío que, según él, dejaron en la centroizquierda sus antiguos aliados.

 

Ominami considera que los reclamos estudiantiles que han puesto en jaque al Gobierno son nobles y legítimos. Asegura que esas protestas evidenciaron las desigualdades del país y aboga porque las mayorías cotidianas que han logrado convocar se transformen en mayorías electorales.    

 

A sus 48 años, Enriquez Ominami se define como un político de ruptura y no vacila al subrayar la necesidad de modificar la Constitución para reformar el sistema político. Impulsa la figura de un Primer Ministro para quitar peso al presidente (un problema que observa en la mayoría de los países de América Latina) y se muestra confiado en lograrlo.   

 


- ¿Cuál es  la situación del conflicto estudiantil y qué cree que hará el Gobierno?

 

Es un movimiento que muchos de los chilenos acompañamos, que defiende una causa justa, noble y posible, que es la educación gratuita como valor absoluto. El camino hacia ella es un camino donde sí hay controversias, pero nosotros respaldamos lo sustantivo de la demanda. ¿Cómo va el Gobierno de Piñera? Es obtuso frente a esta demanda, no quiere cambiar las reglas.

 

 

- ¿Por qué se llegó a este punto? ¿Piñera suele decir que es un problema que él heredó?

 

Hay algo de cierto. Ahora él también cogobernó. Su sector no ha estado ausente en los últimos cuarenta años de una presencia ejecutiva y legislativa, por lo tanto sería faltar a la verdad decir que él ha estado ausente. Él es causa y consecuencia de este conflicto. Pero es cierto que esto venía de antes y que esto explotó entre 2006 y 2008, con la "revolución pingüina". ¿Por qué explotó más agudamente ahora? Porque en el 2008, la derecha y la Concertación se aliaron para estafar al movimiento estudiantil. Sacaron una ley que no daba respuesta a lo que pedían. Los estudiantes exigían en 2008, vía protestas, un cambio en las reglas de la educación secundaria; en 2011, son los mismos secundarios que hoy tienen 21 años y otros más que no eran parte del movimiento anterior se suman a un tercer hecho: un movimiento de consumidores molestos con el sistema financiero. Entonces no es un movimiento, sino muchos los que se adicionan a una oposición social, cultural y política a Sebastián Piñera. El movimiento detonó en 2008. Después en 2009 hubo elecciones, en 2010 hubo un terremoto. Entonces no es cierto que haya detonado ahora. El terremoto cambió la agenda de todo.

 

 

- El Gobierno y los estudiantes se han acusado mutuamente de intransigentes, ¿qué opina?

 

El Gobierno ha sido muy intransigente, no ha querido aceptar que en la tabla se discute sobre el cambio de reglas. Ahora recién, producto del éxito de la movilización, ha tenido que retroceder. Yo creo que ha sido muy torpe en entender que éste es un reclamo que no era de los grupos dirigentes, es un reclamo de la sociedad chilena mayoritariamente.

 

 

- Días atrás, la dirigencia estudiantil dio a entender que el objetivo de las protestas era que caiga el Gobierno de Piñera, ¿qué postura asume al respecto?

 

Creo que la fuerza del movimiento estudiantil radica no en la voluntad de tumbar un Gobierno, sino en la convicción justa, noble y legítima de cambiar las reglas de la educación.  El resto es colateral. Lo relevante es que ellos han convocado una mayoría cotidiana; no a una mayoría electoral, sino cultural, muy sólida. Yo pido que esa mayoría se transforme en mayoría electoral.

 

 

- ¿La solución sería acceder a todas las demandas de los estudiantes?

 

No, pero en las sustantivas, sí. Ahora no es acceder a las demandas de ellos, son reclamos que muchos hemos defendido durante mucho tiempo, que es revisar la educación chilena y la reforma tributaria. La carga tributaria chilena es una carga muy regresiva, que hay que revisar. Fuimos varios los que llevamos muchos años en esa pelea y creo que ellos han logrado darle aún más visibilidad a una realidad que venía de antes.

 

 

- ¿Por qué cree que la oposición no logró capitalizar el descontento que existe con el Gobierno?

 

La oposición es una palabra complicada, porque está la Concertación y nosotros. En el caso de la Concertación, creo que es porque no es creíble que pretendan ir a marchar con los estudiantes  cuando durante veinte años ellos mismos fueron muy duros con estas mismas marchas.

 

 

- ¿Por qué se alejó de la Concertación?

 

Por muchas razones. La más importante es que creo que es una coalición que hoy día está más pendiente de una lógica patrimonial, que de las convicciones; que bajo el camuflaje de una cierta reivindicación de la responsabilidad  esconde su falta de convicciones, sus propias limitaciones que tienen que ver con administrar cuotas de poder.  Ellos le tienen pánico a la pérdida del poder.

 

 

- ¿Existe alguna posibilidad de que vuelva a la Concertación o que lleguen a un acuerdo?

 

No. Yo he convocado a los partidos de la Concertación a que nos unamos en una gran fuerza, alternativa, plural y que respete la diversidad, y que compitamos en una fuerza rica en ideas. Ellos proponen un pacto electoral por cupos de poder, y para eso nosotros no estamos. Sí estamos para crear un camino programático, un camino común en la diferencia. Pero ellos han planteado públicamente que quieren simplemente un acuerdo electoral. Y para eso nosotros no estamos. Creo que le tienen mucho miedo a dos cosas: a aceptar sentarse a discutir ideas, reconocer que ya no son los dueños de la oposición; y lo segundo es que a ellos los complica el debate programático porque los deja desnudos, como los estudiantes los desnudan. Ojalá podamos encontrar en la campaña un territorio común, con muchas fuerzas críticas.

 

 

- ¿Cómo explica que mientras que la mayoría de los países de América del Sur son gobernados por fuerzas de centroizquierda, en Chile se eligió un Gobierno de derecha?

 

Creo que lo que ganó aquí fue un cambio. Había una voluntad de cambio y la Concertación se negó a entenderlo, donde el clivaje iba a ser cambio-continuidad, no izquierda-derecha. Y no entendieron lo que quería la sociedad chilena y fueron derrotados.

 

 

- ¿Qué cree que hará Sebastián Piñera en lo que le queda de mandato?

 

Estamos en un pantano. El Gobierno ha demostrado una profunda incapacidad para entender los desafíos de Chile. Sus políticas tienen un 23% de apoyo; un 74% las rechaza. Creo que hace mal en apostar al desgaste de los movimientos sociales y a nuestra propia incapacidad de construir una alternativa, o sea que él está apostando más que a su fuerza a la debilidad de los demás.

 

 

- ¿Qué medidas propone adoptar?

 

Terminar con la monarquía presidencial. Hay que crear un sistema semipresidencial y crear la figura de Primer Ministro. Hay que crear un país de aspectos federales; cambiar la ley electoral; cambiar el sistema de inscripción inmediata por voto voluntario; resolver el tema de los partidos; la eficiencia del Estado; resolver el tema de los pueblos originarios;  o sea toda una carpeta es lo que Chile requiere y que está en nuestra plataforma programática.

 

 

- ¿Por qué es importante avanzar hacia un sistema con Primer Ministro?

 

-Porque América Latina es víctima de un infantilismo que se llama presidencialismo, la fantasía de que el destino de una Nación depende de un hombre o una mujer. Las reglas de la democracia hay que revisarlas. Hay que distribuir poder, y nuestra propuesta es acceder al poder para distribuir poder. La monarquía presidencial  es un sistema en donde un presidente controla las provincias, el presupuesto, la defensa, la seguridad, el transporte... Creo en un sistema con un colaborador, que es el Primer Ministro, con presencia parlamentaria, un presidente que se encargue de las relaciones internacionales y seguridad, y un Gobierno sujeto a control ciudadano cotidiano. Creo que hoy día hay espacio para una reforma política en Chile. Hay condiciones para eso. Ahora, eso en la Cámara de Diputados, luego hay que convencer a la monarquía, al presidente. Por eso no quise volver a ser diputado y me postulé a presidente. Me di cuenta de que tenía una limitación nuestro programa desde la Cámara de Diputados, que había un conjunto de reformas que implementar desde la monarquía. Por eso es que aspiramos al Ejecutivo en 2009 y por eso es que seguimos trabajando y que postula a la conquista de la esfera del poder para construir un diseño distinto, donde se devuelva poder al ciudadano por la vía de un conjunto de reformas.