Conocer las fortalezas y debilidades de nuestros pensamientos permite alcanzar el bienestar y lograr metas. La creadora del sistema reveló a Infobae América cómo pensar de manera de poder disfrutar de la vida
Ser dueños de nuestra mente, saber cómo funciona y reconocer los obstáculos que generamos con el pensamiento nos ayuda a lograr lo que queremos. Para ello, podemos crear un GPS mental que nos permita sacarle el máximo provecho a nuestra existencia.
En una entrevista con Infobae América, la psicóloga Celia Antonini, autora de los libros Amo y esclavo de tus pensamientos y ¿Qué hay en su cabeza? Vivimos como pensamos, nos brinda herramientas valiosas que facilitan el camino para quienes buscan superarse a sí mismos y alcanzar sus metas.
¿Qué es un GPS mental?
GPS significa sistema de posicionamiento global. Esto hace que un vehículo, sabiendo el lugar donde está y conociendo el sitio al cual quiere dirigirse, tome la mejor ruta para llegar a destino. Entonces, un GPS mental es el sistema que podemos utilizar para llegar al destino que queremos, sabiendo cuál es el mejor camino a tomar.
Pero la mayoría de las veces no sabemos cuál es ese camino. Muchas veces vamos a contramano, entramos en calles sin salida o en laberintos que hacen que demos mil vueltas en el mismo lugar. A veces, ni siquiera conocemos dónde estamos o creemos que estamos yendo para un lado y, en realidad, estamos yendo para el otro.
¿Y cómo se construye un GPS?
Yo hablo de sistema, al igual que el de los vehículos, porque no es una sola variable la que se juega en la mente. No es solamente el pensamiento, porque éste no funciona aislado de las emociones y las creencias. Los pensamientos impactan en las emociones y éstas en nuestros pensamientos. Ambos están determinados por nuestras creencias, que le van a dar un determinado valor. Los pensamientos, las emociones y los sentimientos van siempre juntos, y saber cómo funciona cada uno de ellos es lo que nos va a permitir lograr las cosas que queremos.
Aunque estamos todo el tiempo en actividad mental, desconocemos cómo funciona nuestra mente. Y ésta tiene una particularidad: es una gran productora de obstáculos. Por ejemplo, si yo pienso que nunca voy a conseguir el trabajo que quiero, la palabra "nunca", al ser un absoluto, tiene un peso emocional diferente a si yo pensara que a lo mejor sí tengo la posibilidad de conseguirlo.
Mi propia mente provoca el obstáculo y ello me genera un impacto emocional que hace que mi estado anímico sea malo, ya que no puedo estar contenta pensando que nunca voy a conseguirlo. Y luchar contra eso es difícil, porque tengo la creencia firme de que jamás lo voy a poder concretar.
Las palabras 'siempre', 'nunca', 'todo' o 'nadie' generan un impacto que hace que tengamos que sobreponermos al obstáculo que nosotros mismos pusimos. Frases como "Nadie me va a querer" o "Siempre me dejan de lado", deberíamos desterrarlas de nuestra mente.
Pensar "Ojalá pueda lograr el trabajo que quiero" o "Alguien me va a querer" no es lo mismo que tener la convicción de que nunca lo vamos a lograr. Entonces, la manera que tenemos de pensar es la que nos da el resultado, pero no analizamos la forma en que lo hacemos.
¿Existe algún modo de eliminar los pensamientos negativos?
El organismo tiene maneras de desechar lo que no le sirve. Si tenés exceso de calor, sudás; la orina o las heces sacan todo lo innecesario y tóxico para el cuerpo. La mente es una productora de pensamientos, pero no hay desechos ni posibilidad de desagote. El único modo de quitar cosas de la mente es a través de un acto voluntario, pensando en eso y dándome cuenta de que no me sirve. Por eso, hay que estar muy atentos a lo que pensamos.
Pero si quiero llegar a un determinado lugar y conozco determinadas pautas, es más fácil lograrlo. La mente piensa en forma de historia, los pensamientos están hilados, no están fraccionados y sectorizados. A la pregunta "¿Por qué no habrá venido Juan a trabajar?", le agregamos suposiciones propias: "Se habrá quedado dormido", "No se sentiría bien", etc. Y llenamos los vacíos con lo que nos parece, distorsionando la realidad y creando historias que, al darlas por ciertas, no nos detenemos a revisarlas, aunque tengamos malos resultados.
Otra actitud característica es echarle la culpa a las circunstancias o a otra persona. "Cuando mi marido me trate como yo quiero, me voy a sentir bien" o "Cuando el país cambie, voy a estar mejor económicamente". Si buscamos la solución afuera, no la vamos a encontrar nunca. Y cuando tenemos un resultado malo, difícilmente actuamos. Esto porque le damos más prioridad a lo que creemos que a lo que sentimos.
¿Se puede manejar la emoción?
Hoy se sabe que sí, pero lo que no podemos evitar es el impacto que nos produce. Si alguien me dice algo que no me gusta, por supuesto que me va a generar una sensación desagradable. Pero podemos manejar la cantidad de tiempo que vamos a mantener esa emoción fea.
El sentimiento es la operación mental de la emoción. Cuando recuerdo algo, vuelvo a traer la emoción que tenía en aquel momento, vuelvo a rememorar y revivir ese sentimiento. Consecuentemente, puedo aumentarlo, mantenerlo o reducirlo. Pero sí se puede evitar el tiempo que nos dura la molestia, porque eso depende de nosotros. Una vez que algo me angustió, todo lo que pasa a partir de ese momento puede modificarse.
¿Cómo sabemos si lo estamos logrando y si vamos por el camino correcto?
Tenemos que ocuparnos del resultado que obtenemos y tener en claro cómo funcionan los pensamientos, las emociones y las creencias. Estas últimas son las que articulan a los dos primeros.
Todo lo que pensamos lo damos como cierto si no lo desechamos, porque nos formamos una creencia y no la volvemos a revisar. Tenemos creencias sobre todos los aspectos de nuestra vida: sexo, pareja, dinero, profesión, amistad, comida, etc.
La única posibilidad de cambiar es poder cuestionar nuestros pensamientos. Si creo que no sirvo para nada, por más que me digan que no es así, lo voy a desechar porque no coincide con mi creencia. Yo desecho porque me parece que eso no está de acuerdo conmigo, pero no voy a revisar lo que pienso porque estoy convencida de que tengo razón.
La gente quiere sentirse bien, pero no quiere cambiar la manera de pensar y de sentir porque cree que tiene razón en lo que piensa. No nos damos cuenta de que tenemos la posibilidad de cambio en tanto y en cuanto pongamos como prioridad al bienestar.
Todos conocemos lo que es la felicidad, porque es la conjunción perfecta de una determinada cantidad de cosas que hacen que uno se sienta muy bien en un período corto pero muy intenso. Hasta el más desgraciado tuvo algún momento de felicidad, pero el bienestar no se puede lograr si no lo buscamos.
¿Cómo se logra estar bien?
Tratando de alcanzar lo que querés, independientemente de los resultados, porque el bienestar no está ligado a éstos pero la gente cree que sí. Una persona va a estar bien cuando crea que hace todas las cosas necesarias para que le vaya bien. Alguien que tiene quince kilos de sobrepeso y hoy empieza la dieta, de inmediato se empieza a sentir mejor consigo misma y no bajó ni un gramo. El resultado no importa.
El bienestar lo podemos hacer nosotros mismos, porque tenemos en la mano la posibilidad de sentirnos bien o mal. No hablo de personas que están enfermas, con depresión por ejemplo, porque ellas no pueden elegir. Pero el resto de los humanos podemos hacernos una vida mejor o peor, de acuerdo a cómo utilicemos los recursos que tenemos. Uno se vuelve amo de sus pensamientos cuando sabe cómo funciona su cabeza.