Yugoslavia y España protagonizaron, en 1977, uno de los partidos más violentos de la historia. Golpes de puño, hostilidad y botellazos
Fue bautizado como "La Batalla de Belgrado" por sus connotaciones bélicas. El 30 de noviembre de 1977, la "Furia" y la selección balcánica ponían en juego un boleto al Mundial de Argentina 1978 y desde el primer minuto de partido se jugó en condiciones anormales.
El Gobierno yugoslavo había decretado asueto nacional y 38 mil personas convirtieron el estadio nacional de fútbol en una caldera. España no jugaba un Mundial desde 1966 y la presión era inmensa.
"En mi vida deportiva creo que no he visto ningún partido tan complicado como éste y con tanto miedo", aseguró Chus Pereda, jugador español partícipe de aquel partido, en un documental estrenado hace algunos años.
En Belgrado, los hinchas se tiraban al césped y la policía les soltaba los perros. Pirri, figura del Real Madrid, a los 13 minutos dejaba lesionado el campo y luego estuvo tres meses afuera por lesión. Se revoleaban patadas a mansalva.
Hasta que el gol de España terminó por alterar la calma del desquiciado público local. Se jugaban 26 minutos del segundo tiempo cuando Ricardo Cano, argentino naturalizado español, decretó el triunfo 1-0 de la Roja.
Juanito se retiró fuertemente golpeado por otra violenta entrada de los defensores de Yugoslavia y después de una seña al público con el pulgar hacia abajo, cayó desplomado tras el impacto de una botella de vidrio sobre su rostro.
La suerte jugó un papel determinante para que la historia no pasara a mayores y el saldo de heridos no fuese mayor. España se llevó la clasificación y en Yugoslavia todo fue desazón. Para muchos quedó marcado como el partido más violento de la historia. Aunque lo ocurrido este año en Egipto logró superarlo ampliamente.
